miércoles, 7 de noviembre de 2012

Surrealismo


El reloj fija una hora sin equilibrio, avisa que es momento de saltar a otra línea; el minuto ya murió.
Si se abren varios paréntesis se puede discutir de tendencias y dejar el sedentarismo finalmente a un lado, escapando y dando rienda suelta al libre albedrío. Partir de lo común y hacer transcendencia a la desigualdad, dar cabo suelto a todo lo imaginable. Si abro comillas, hago una línea oblicua que al mirarla en diferentes ángulos nos mostrará un espejo cóncavo, dependiente a la posición del ojo, o al punto focal que se le dé.
El reloj fijó otra hora y salté a otra línea. Si abro la oración con una sucesión de puntos estaré expuesta a una caída libre incontinua. Si cierro la oración con una sucesión de puntos escribiré en la misma línea, seguiré cayendo, sin volver la mirada y haré una proyección holográfica de todo lo que se está alejando al acercarme. Si cierro con punto final me montaré en un vagón con carriles oxidados y carcomidos por la línea que me salté. Saltar una línea y pasar a otra sin una secuencia carcome la superficie, haciéndola inestable y desequilibrándonos absurdamente. Si no cierro con punto, queda un final abierto, una representación del ahora, un sin fin con espera...

SM.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Déficit de atención.


Hay un punto de fuga hacia una proyección.
La mente en ese momento está proyectada hacia una dirección donde las líneas no convergen ni se interceptan entre sí. Se oye, más no se escucha. El sentido auditivo se prepara para distorsionar las voces y el rostro automáticamente lanza señales de entendimiento. Gesticulamos haciendo creer que en ese preciso instante estamos allí tanto física como mentalmente, pero no. ¿En qué limbo estamos varados durante ese tiempo? En el que por treinta minutos una charla se nos hace superflua por más importante que sea. No es cuestión de subjetividad ni de idiosincrasia, es cruzar el límite o las barreras del déficit de atención.
Podría estar pensando en pajaritos de colores, mientras tú tomas parte de tu importante tiempo en darme una amplia explicación, yo voy sesgando tanta palabrería y las voy resumiendo, para poder tomar la idea principal del tema y responder con un “Ah ok” o “Está bien” acompañado con un gesto de “Lo he entendido todo”. No obstante, se queda inconforme con alguna de esas vanas respuestas y se interpreta como la falta de atención por poca importancia del tema. Entre tanto yo sigo pensando en pajaritos de colores, en la última conversación que tuve, sexo ocasional, y haciendo planes que quizás no se lleven a cabo; tú piensas un tema nuevo para captar mi atención, sin obtener mucho a cambio.
Ese es mi limbo, y el significado del punto de fuga en estado de congelación que me deja inerte por tantos minutos…

viernes, 25 de mayo de 2012

Coexistencia.


Entonces cayeron a la superficie cúmulos de cenizas blancuzcas aglomeradas con pequeños grumos negros que sintetizaban el esbozo de una persona.
Entonces entendí que con cortos soplidos se iría disipando hasta no quedar nada en la nada.
Entonces abrí paso a la emanación, dejé que proliferara y se alojase en mi cavidad torácica.
Entonces entendí como iba dañando mis pulmones, sintiéndome aún poco sagaz.
Entonces no me quedó de otra en dejar que el perjuicio se fuera esfumando como lo hicieron el humo, la ceniza y la colilla ya consumida.
Entonces se encargó la pupila ya dilatada junto a la retina en observar el momento, en regular imágenes, y reciclarla en memoria como viejos recuerdos, poder así mantenerlos vivientes o evocarlos cuando estuviesen empolvados y rasgados; para darle vida mientras estén en coma, mientras luzcan distorsionados, mientras sean coexistentes.

martes, 8 de mayo de 2012

Mujer de las faldas largas.

Noche de invierno en la que los árboles estaban tupidos de una brumosa nieve, ella encendió su chimenea abarrotada de leños. Se notaba el espesor del humo mientras se iba consumiendo la recién cortada madera y el ambiente comenzaba a entrar en calor.
Se puso su mejor vestido, tacones altos y boca pintada del tono más enrojecido de sus labiales mientras su acompañante la espera impacientemente en la sala con una copa de vino tinto. Bajó sensualmente las escaleras, levantando su vestido, dejando notar su pantorrilla cubierta por sus pantis medias negras. Se posó perpleja frente a él; iba enseñando un poco de su hombro, los tirantes del vestido caían horizontalmente, llegaban ya justamente diez centímetros más abajo del omóplato (Cálculo que cualquier ingeniero daría) Su sostén de encajes casi se podía notar; un sostén de blondas negras que hacía desesperar al seducido hombre sentado al frente, esperando tener el sujetador en sus manos y ya por fin desprenderlo, soltó la otra tira del vestido un poco más arrugado, los canutillos brillaban con la luz de las velas que vacilaban las llamas oscilando al compás del viento que se colaban en la ventana. Volaban las gotas de sudor de cada uno, sudor que caía desde la frente del caballero y se deslizaba por las orejas; descendían hasta llegar al suelo. Las velas dejaban notar una pequeña aureola marrón, era el pezón de aquella dama, que ya había soltado el sujetador. Con una mirada putona, firmemente seductora dejó caer completamente su vestido mostrando su sexo en un acto indisoluble para el caballero, que solo la deseaba sin ponerle un dedo encima, esperando introducir su índice y anular en su pubis, humedecerlos y sentir el calor emergente de aquella oquedad oscura y penetrable entre sus piernas abiertas completamente como un paraguas. Descorchó una botella de champangne la agitó dejando desbordar la espuma sobre su pecho, se sentó sobre él dejando que lo tocase su desnudez abrazándolo con la coyuntura arraigada de su esternón. La silla rechinaba, resbalaba en el piso empapado de sudor.  Ella giró su torso 180º grados, mostrando su espalda y colocando la mano del excitado hombre en sus senos, bajándolos por su abdomen, en un recorrido hasta llegar a su vagina. Frotó sus dedos con su clítoris con mayor y menor intensidad, gimiendo sin opresión, sin importar que el escándalo de sus gritos quebrantara cualquier silencio que poseyera a los vecinos. Tomó entre sus manos el miembro erecto del compañero introduciendo ágilmente en su pudor mientras venían estos pensamientos a su cabeza:

«Tan pronto atraviese el umbral todo habrá terminado nuevamente.
Volveré a recuperar mi moral antes perdida frente a la lujuria y la ambición
que habrán quedado en esta habitación.
En la mañana seré nuevamente la mujer de las faldas largas, que contiene la diversidad y las penas nocturnas. Tendré lo que tanto he querido. »

Sentado lleno de placer, él gimió, fue un gemido relinchante, quizá un grito agudo, ensordecedor, como aquel que sufría dulcemente el néctar de su condena, desencadenando de su interior un fluvial río blanquecino que desbordaba su cauce y recorría sus piernas, cerrando un ciclo que culminó la invernal noche y quedó plasmado en el diario de una secretaria con dos vidas, y una nota que al final decía: 

«Gracias a esta y a otras noches de placer conseguí mi esperado aumento de sueldo y el ascenso que con gran esfuerzo he merecido durante todo este tiempo.»

sábado, 5 de mayo de 2012

Dos miradas, un camino.

Dar pasos sueltos por un largo camino.
Camino del caminante, estrecho y resquebrajado
travesía rocosa revestida de hojas secas y amarillentas...
El caminante mira hacia arriba en su travesía, nunca hacia abajo.
Cada paso se hace raíz en el camino, dejando una huella, arrastrando una sombra.
El caminante abraza el olor de aquellos árboles que se ven desprendidos de sus historias por un viento juguetón que las lleva a viajar.
Se escuchaban las aves cantando epitafios a aquellas hojas caídas, mientras se pasean sobre el cielo de aquel camino.
Deja atrás astas muertas, a punto de caerse, el crujido  de la fronda que cubre al suelo queda liado con su raciocinio, su oído y su perspicacia.
Se hace breve el trayecto, corto pero difícil para el caminante
tropieza con las barbas de las ramas, pero se levanta y sigue
esculpiendo y moldeando huellas en la arena.
El caminante sigue a paso ligero la travesía del caudal, el viento silba entre las ramas, arrastrándolas hacia el río.
«Quizá por el cansancio el caminante miraba las ramas danzar con las aguas de aquel caudal cuyo final no alcanzaba el horizonte».
Y confunde la humedad con las gotas de su agobio, moja sus pies con las turbias aguas que se escabullen entre sus dedos.
Pero planea seguir andando, andando aunque sus pies mojados queden polvorientos y se apeguen a ellos las pequeñas virutas de las hojas que se entrecortan por su debilidad, quiere sentirse libre, y partir de ese camino en el que solo le queda mirar atrás y comenzar su travesía una vez más.






Muchas gracias a Wilson T, @lnverso, por la compañía de esta noche que le dio vida al camino de aquel caminante.

miércoles, 25 de abril de 2012

"Difícil es, acostarse en las noches con la certeza de que aquel que un día deseó tenerte hoy desea olvidarte".
SM.

martes, 24 de abril de 2012

Utopía

Poco a poco construí una ciudad en utopía dentro de mi mente, donde puedo sentirlo a pesar de no tenerlo cerca. Puedo planear numerosos encuentros que más de uno se vendrá abajo; da igual, si los encuentros más importantes han sido planeados por el espíritu mucho antes que los cuerpos hayan tenido cualquier tipo de cercanía. Algunas veces ha ganado el desespero e insiste en querer cambiar de rumbo o rediseñar el panorama que he venido construyendo con esmero, mas aún cuando el deseo se hace mayor que el desespero según su intensidad, puede repercutir con mayor fuerza y aunque cueste tener todo bajo control no es imposible, nadie ha dicho que todo fuese fácil. ¿Cuánto tiempo podrá mantenerse en pie esta ciudad forjada con la misma paciencia tal cual se reciben los primeros pasos de un niño? Si antes de ser creada las puertas se mantuvieron cerradas por mucho tiempo, solo bastó con que tuviese una pequeña hendidura para que arrasara una avalancha y dejara surcos que cambiara todo los paradigmas.


SM.

jueves, 19 de abril de 2012

Cautas miradas.










Jamás olvidaría aquellos ojos pardos que pueden mirar más allá del interior de una persona. Esféricos ojos brillantes que me observan sin desigualdad todos los días. Ojos resquebrajados, miradas intermitentes, lanzadas con ímpetu en momentos de desasosiego e intranquilidad.
Son así los ojos del perro que te observan curioseantes, queriendo saber de ti más que cualquier otro, esperando de vuelta una mirada honesta y sincera, buscando profanar el silencio con un aullido poco entendible.
¿Qué podrá ver el perro a través de nuestro ser? A pesar de que pocas sean las veces que sepamos interpretar lo que nos quieren decir esas cautas miradas, siguen ahí fijas, consiguiendo reflejar la realidad entre tanta distorsión con infinita veracidad de aquello que ocultamos cada uno de nosotros.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=jRNad4hiFiw




SM.

miércoles, 4 de abril de 2012

Una noche más.

He aprendido a hacer de monólogo estos días, pues he venido haciendo chistes de la vida en las noches, a burlarme de mí mientras todos surcan en un mar abismado de sueños. Aprendí a hacer en papeles planes a futuro y lanzarlos como avioncitos por la ventana; ver como planean deslizándose con el viento de la madrugada, alisar las arrugas que quedan en mi cama por el constante movimiento y forcejeo de mis piernas y no poder por índole mantener los ojos cerrados, a gritar en voz baja y agudizar mis oídos para escuchar lo que hay detrás del silencio.  Bien se ha invertido mi horario. Sí, la complejidad es simplemente solo una conexión entre mi cuerpo y el reloj, donde con cada tintineo de aquella alarma mal programada se activan millones de neuronas, revolviendo cada parte de mi raciocinio.

SM.

domingo, 11 de marzo de 2012

Ser de piedra no es tan malo.


Ser de piedra no es tan malo, pensaba la gárgola en su aposento  mientras vigilaba la noche. Con las articulaciones entumecidas aun podía estirar la sonrisa, aunque la misma mueca siempre poseía. Hay muchos pájaros en vuestro lomo de cartón se decía así misma envidiante de su perfecto vuelo desplumado, con el que a primera vista todo parecía mentira. — ¿Es posible que tal criatura con tan pequeño esqueleto logre un vuelo tan extenso? — Se decía con las garras entrelazadas,  y qué de sus patas, podían palpar el suelo mientras que ella allí sentada no podía sentir nada más que las polvorosas ventiscas y escuchar sus propios crujidos por el longevo cemento. También observaba todo desde lo más alto, en contra picada, mientras cada persona pasaba por las calles. Siempre ojeaba el balanceo de las caderas de las mujeres esbeltas que pasaban por la iglesia, no había nada más perfecto que unas piernas largas y sin cemento, esas mujeres enjaulaban cada mirada que a su lado pasaban. Y la gárgola, virgen de miradas, pubescente de admiración, se sentía ignorada, quebrada y con unas grietas en la espalda. — Qué hecho tan irreversible es estar aquí como una piedra enclavada a esta tapia.  Lo decía sin mármol en la lengua, escuchando cada uno de sus pensamientos que eran entrecortados por las bocinas de los autos de la gran ciudad, y el tic tac del reloj que marcaba la hora exacta con su saeta oxidada que al marcar su paso rechinaban por falta de aceite; olvidadas como ella, la vieja gárgola. Qué irónico que muchos quieran estar en lo más alto, mientras yo aquí deseando estar allá caminando entre todos ellos, haciendo más grietas en el piso con mi taconeo.
      “Algún día de este retén saldré, en el medio del sol y el viento estaré, pescaré estrellas con las esquinas de mis alas, acunaré el cielo en mis entrañas. Puede que me pare en un árbol a ver unos pichones nacer, o tal vez me vaya a un arroyo y comer atún o pez. Iré a una playa con mi mejor cara de mujer honrada, luciré mi cuerpo que por más de un siglo no hizo más que recibir lluvia y truenos. Estiraré mis pies de alma cóncava y ellos correrán, hasta desbordar mis nalgas con arena. ¿Me haré un tatuaje? ¿Iré al mercado? ¿Oleré flores?” Pobre gárgola, de tantos sueños se alumbraba, pero su triste realidad no cambiará. Seguirá adherida a la plancha de esa iglesia maligna, viendo siglo tras siglo otros correr y vivir, pobre gárgola, cual envergadura de azufre nunca podrá mostrar.


 Escrito por dos gárgolas de risa hundida, espíritu esponjoso y fulgor tembloroso. Amiga mía, querida Valery, Habloensilencio.

martes, 28 de febrero de 2012

Mi laberinto













Conocerte fue adentrarme en un laberinto.
Enlazando una cuerda a mi cintura la usé como guía para llegar a la salida. Los murales como mazmorras impenetrables; absorbían los deseos haciéndolos inalcanzables, obstruyendo mis pasos mientras se iba deshilando la cuerda que aún me mantenía sujeta a la entrada. Tropezaba con cada escombro que veía a mi paso, y la cuerda se seguía quebrantando. Rasguñaba las paredes y dejaba en semejanza de migajas un camino de arenilla que el viento con resoplidos lo iba desvaneciendo, nada estuvo a mi favor mientras estuve a la deriva buscando la salida. Cruzaba cada esquina huyendo de los errores que me perseguían encargándose de deshacer la cuerda, debatiendo contra mí, peleando por la salida; quedando victorioso y llevándose como premio mi estancia entre tantas paredes cubiertas de cicatrices.

SM.

domingo, 5 de febrero de 2012

Un lugar.

Róbame, llévame a un lugar donde se respiren otros aires.
Un lugar donde quedemos ensimismados el uno al otro.
Un lugar donde puedas hacerme tuya, bajo la luna.
Un lugar donde el cielo despejado nos ofrezca su tenue color índigo.
Un lugar donde nuestras temperaturas corporales tengan altibajos con cada roce.
Un lugar donde nos empapemos de placer, al sumergirnos en el delirio.
Un lugar donde queramos volver una y otra vez.
Un lugar donde sólo pertenezcamos tú y yo, con destino propio.
Déjame pertenecerte, pertenéceme, seamos de los dos; la perfecta unión.



viernes, 13 de enero de 2012

Deseo vacío.


Él era un ejecutivo con una vida vacía. Ella una mujer casada; infeliz en su matrimonio por falta de comprensión y violencia doméstica, con una vida tan vacía como la de aquel caballero.
Ambos recurrían al mismo lugar, taciturnos en la noche, se dirigían allí por las mismas razones: desahogar sus penas y transportarse a un mundo libre de problemas.
Sentados frente a la barra en un pequeño instante se cruzaron sus miradas, estaban sentados uno al lado del otro; invitando él un trago, ella aceptó sin dudarlo e intercambiaron par de palabras preguntándose la razón que tenía cada uno de estar ahí, habiéndolas dado los dos sintieron una cercanía muy personal, pudieron escucharse y entenderse mutuamente.
Tras pasar las horas ya pasados de tragos cada uno sabía de la vida de su compañero; había una gran conexión entre ambos.
Ella sugirió que la llevara a su casa, podía su esposo estarla esperando. Recordó que él había anunciado no volver para esa noche con la vana excusa de una junta de trabajo.
Se marcharon, recorrieron varios kilómetros planeando par de encuentros furtivos. Llegaron a la casa de ella, parados frente a la puerta sin ninguno mostrar resistencia comenzaron a besarse; besos apasionados con mucho vigor sacaban a flote su debilidad. Seducido por la belleza de la mujer comenzó a desnudarla desde la sala hasta la habitación, sin retroceder paso alguno, subían cada peldaño de aquella escalera haciéndola rechinar con sus fuertes pasos, mientras la pared hacía sostén de ellos. Extasiados en la habitación se inundaron entre las sábanas. Él no podía dejar de apreciar la silueta de esa mujer; sus grandes pechos entre sus manos eran dignos de moldear, tal cual como un alfarero moldea la arcilla para su arte, y el vaivén de sus caderas hacían movimientos oscilatorios que lograron llevarlo a la locura.
En medio del sexo oral y la penetración ella llegó al orgasmo, sus gemidos hacían estruendo. Él comenzó su camino desde sus pies hasta llegar a su cuello como meta final, donde su lengua se encargaba sigilosamente de recorrerlo una y otra vez. Se sentía su corazón exaltado, el calor de su respiración emergía de ambos, profanando las más bajas temperaturas corporales... Perdieron completamente la noción del tiempo.
Ella tenía llamadas perdidas de su esposo, anticipando su llegada en unas horas, ya que se había cancelado la reunión.
El sonido de la corneta de un auto atravesó las paredes paralizándolos por un instante, sin permitir que pasara por sus mentes algún plan que pudiera liberarlos de los ojos de tal acto de infidelidad.
Ella le dijo que se escondiera en un viejo armario que había en el cuarto mientras llegaba su esposo y se adormecía, pero era demasiado tarde, su esposo ya estaba tras la puerta escuchando el miedo que se sentía en el entorno, giró la perilla sin poder abrirla causándole desespero; forzó la puerta hasta romperla. Frente a sus ojos estaba ella sola con su cuerpo desnudo atemorizada llorando. Notó la ventana abierta, su acompañante había logrado escapar. En su mente creó un escenario completo con imágenes de todo lo que pudo haber acontecido hace unas cuantas horas. Quedó envuelto por la rabia y la frustración de ver aquella traición, lleno de cólera la tomó del brazo y comenzó a golpearle sin detenerse, su ego estaba completamente pisoteado, humillado, no podía saciar su ira, lo único que lo sosegaba era el hecho de sentirse como el verdugo que castigaba vilmente a su mujer. Sus manos quedaron empapadas de sangre, cometió el acto más impuro que se pueda cometer, y sin darse cuenta le arrebató la vida. Su virilidad quedó completamente demolida, en medio de la confusión se le hacía difícil creer todo lo que había sucedido, sin pensarlo buscó un arma y apuntando a su cabeza sin conciencia alguna se suicidó, haciendo de ese cuarto donde un par de desconocidos tuvieron una noche de pasión, la perfecta escena de un crimen.


SM

sábado, 7 de enero de 2012

El puente de la libertad.

Reverberaba el sol en la laguna aquella mañana, las hojas vestían cálidos y hermosos matices.
Frente a mí cisnes danzando en aquella resplandeciente laguna, bajo mis pies madera envejecida de un largo y estrecho puente, al final del camino la espera de un ave que irradiaba nostalgia; se veía desorientada, con deseos de libertad.
Pequeña y desprotegida me esperaba para tomarla en mis manos y ayudarla a ascender.
Anhelaba poder desplegar sus alas y despegar de tierra firme, en búsqueda de nuevos horizontes.
Quería acercarme a ella; di cortos pasos cuidadosamente para no asustarla y lograr alcanzarla.
Caminaba por el viejo puente, rechinaba cada vez más fuerte. Conseguí llegar al ave, la tomé en mis manos, y con mis brazos apuntando al cielo exclamé:  ¡Vuela pequeña ave! Se libre y haz lo que algún día también yo haré.
 — También sueño con mi libertad, desplegar mis alas, apreciar cuan lozano paisaje desde arriba, despegar desde este mismo puente, ver de cerca el firmamento, dar por perdidos mis miedos, respirar aire puro junto al aroma de las flores, huir de la polución, escuchar el cantar de las aves cada mañana, ver la puesta del sol y posar desde el más alto árbol. 
Volar y volar sin nada que me detenga; cumplir ese sueño de poseer mi más deseada libertad.



SM.