viernes, 25 de mayo de 2012

Coexistencia.


Entonces cayeron a la superficie cúmulos de cenizas blancuzcas aglomeradas con pequeños grumos negros que sintetizaban el esbozo de una persona.
Entonces entendí que con cortos soplidos se iría disipando hasta no quedar nada en la nada.
Entonces abrí paso a la emanación, dejé que proliferara y se alojase en mi cavidad torácica.
Entonces entendí como iba dañando mis pulmones, sintiéndome aún poco sagaz.
Entonces no me quedó de otra en dejar que el perjuicio se fuera esfumando como lo hicieron el humo, la ceniza y la colilla ya consumida.
Entonces se encargó la pupila ya dilatada junto a la retina en observar el momento, en regular imágenes, y reciclarla en memoria como viejos recuerdos, poder así mantenerlos vivientes o evocarlos cuando estuviesen empolvados y rasgados; para darle vida mientras estén en coma, mientras luzcan distorsionados, mientras sean coexistentes.

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