He aprendido a hacer de monólogo estos días, pues he venido haciendo chistes de la vida en las noches, a burlarme de mí mientras todos surcan en un mar abismado de sueños. Aprendí a hacer en papeles planes a futuro y lanzarlos como avioncitos por la ventana; ver como planean deslizándose con el viento de la madrugada, alisar las arrugas que quedan en mi cama por el constante movimiento y forcejeo de mis piernas y no poder por índole mantener los ojos cerrados, a gritar en voz baja y agudizar mis oídos para escuchar lo que hay detrás del silencio. Bien se ha invertido mi horario. Sí, la complejidad es simplemente solo una conexión entre mi cuerpo y el reloj, donde con cada tintineo de aquella alarma mal programada se activan millones de neuronas, revolviendo cada parte de mi raciocinio.
SM.
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