sábado, 7 de enero de 2012

El puente de la libertad.

Reverberaba el sol en la laguna aquella mañana, las hojas vestían cálidos y hermosos matices.
Frente a mí cisnes danzando en aquella resplandeciente laguna, bajo mis pies madera envejecida de un largo y estrecho puente, al final del camino la espera de un ave que irradiaba nostalgia; se veía desorientada, con deseos de libertad.
Pequeña y desprotegida me esperaba para tomarla en mis manos y ayudarla a ascender.
Anhelaba poder desplegar sus alas y despegar de tierra firme, en búsqueda de nuevos horizontes.
Quería acercarme a ella; di cortos pasos cuidadosamente para no asustarla y lograr alcanzarla.
Caminaba por el viejo puente, rechinaba cada vez más fuerte. Conseguí llegar al ave, la tomé en mis manos, y con mis brazos apuntando al cielo exclamé:  ¡Vuela pequeña ave! Se libre y haz lo que algún día también yo haré.
 — También sueño con mi libertad, desplegar mis alas, apreciar cuan lozano paisaje desde arriba, despegar desde este mismo puente, ver de cerca el firmamento, dar por perdidos mis miedos, respirar aire puro junto al aroma de las flores, huir de la polución, escuchar el cantar de las aves cada mañana, ver la puesta del sol y posar desde el más alto árbol. 
Volar y volar sin nada que me detenga; cumplir ese sueño de poseer mi más deseada libertad.



SM.

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