El reloj fija una hora sin equilibrio, avisa que es momento
de saltar a otra línea; el minuto ya murió.
Si se abren varios paréntesis se puede discutir de
tendencias y dejar el sedentarismo finalmente a un lado, escapando y dando
rienda suelta al libre albedrío. Partir de lo común y hacer transcendencia a la
desigualdad, dar cabo suelto a todo lo imaginable. Si abro comillas, hago una línea
oblicua que al mirarla en diferentes ángulos nos mostrará un espejo cóncavo,
dependiente a la posición del ojo, o al punto focal que se le dé.
El reloj fijó otra hora y salté a otra línea. Si abro la
oración con una sucesión de puntos estaré expuesta a una caída libre
incontinua. Si cierro la oración con una sucesión de puntos escribiré en la
misma línea, seguiré cayendo, sin volver la mirada y haré una proyección
holográfica de todo lo que se está alejando al acercarme. Si cierro con punto
final me montaré en un vagón con carriles oxidados y carcomidos por la línea
que me salté. Saltar una línea y pasar a otra sin una secuencia carcome la
superficie, haciéndola inestable y desequilibrándonos absurdamente. Si no
cierro con punto, queda un final abierto, una representación del ahora, un sin
fin con espera...
SM.
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