viernes, 13 de enero de 2012

Deseo vacío.


Él era un ejecutivo con una vida vacía. Ella una mujer casada; infeliz en su matrimonio por falta de comprensión y violencia doméstica, con una vida tan vacía como la de aquel caballero.
Ambos recurrían al mismo lugar, taciturnos en la noche, se dirigían allí por las mismas razones: desahogar sus penas y transportarse a un mundo libre de problemas.
Sentados frente a la barra en un pequeño instante se cruzaron sus miradas, estaban sentados uno al lado del otro; invitando él un trago, ella aceptó sin dudarlo e intercambiaron par de palabras preguntándose la razón que tenía cada uno de estar ahí, habiéndolas dado los dos sintieron una cercanía muy personal, pudieron escucharse y entenderse mutuamente.
Tras pasar las horas ya pasados de tragos cada uno sabía de la vida de su compañero; había una gran conexión entre ambos.
Ella sugirió que la llevara a su casa, podía su esposo estarla esperando. Recordó que él había anunciado no volver para esa noche con la vana excusa de una junta de trabajo.
Se marcharon, recorrieron varios kilómetros planeando par de encuentros furtivos. Llegaron a la casa de ella, parados frente a la puerta sin ninguno mostrar resistencia comenzaron a besarse; besos apasionados con mucho vigor sacaban a flote su debilidad. Seducido por la belleza de la mujer comenzó a desnudarla desde la sala hasta la habitación, sin retroceder paso alguno, subían cada peldaño de aquella escalera haciéndola rechinar con sus fuertes pasos, mientras la pared hacía sostén de ellos. Extasiados en la habitación se inundaron entre las sábanas. Él no podía dejar de apreciar la silueta de esa mujer; sus grandes pechos entre sus manos eran dignos de moldear, tal cual como un alfarero moldea la arcilla para su arte, y el vaivén de sus caderas hacían movimientos oscilatorios que lograron llevarlo a la locura.
En medio del sexo oral y la penetración ella llegó al orgasmo, sus gemidos hacían estruendo. Él comenzó su camino desde sus pies hasta llegar a su cuello como meta final, donde su lengua se encargaba sigilosamente de recorrerlo una y otra vez. Se sentía su corazón exaltado, el calor de su respiración emergía de ambos, profanando las más bajas temperaturas corporales... Perdieron completamente la noción del tiempo.
Ella tenía llamadas perdidas de su esposo, anticipando su llegada en unas horas, ya que se había cancelado la reunión.
El sonido de la corneta de un auto atravesó las paredes paralizándolos por un instante, sin permitir que pasara por sus mentes algún plan que pudiera liberarlos de los ojos de tal acto de infidelidad.
Ella le dijo que se escondiera en un viejo armario que había en el cuarto mientras llegaba su esposo y se adormecía, pero era demasiado tarde, su esposo ya estaba tras la puerta escuchando el miedo que se sentía en el entorno, giró la perilla sin poder abrirla causándole desespero; forzó la puerta hasta romperla. Frente a sus ojos estaba ella sola con su cuerpo desnudo atemorizada llorando. Notó la ventana abierta, su acompañante había logrado escapar. En su mente creó un escenario completo con imágenes de todo lo que pudo haber acontecido hace unas cuantas horas. Quedó envuelto por la rabia y la frustración de ver aquella traición, lleno de cólera la tomó del brazo y comenzó a golpearle sin detenerse, su ego estaba completamente pisoteado, humillado, no podía saciar su ira, lo único que lo sosegaba era el hecho de sentirse como el verdugo que castigaba vilmente a su mujer. Sus manos quedaron empapadas de sangre, cometió el acto más impuro que se pueda cometer, y sin darse cuenta le arrebató la vida. Su virilidad quedó completamente demolida, en medio de la confusión se le hacía difícil creer todo lo que había sucedido, sin pensarlo buscó un arma y apuntando a su cabeza sin conciencia alguna se suicidó, haciendo de ese cuarto donde un par de desconocidos tuvieron una noche de pasión, la perfecta escena de un crimen.


SM

sábado, 7 de enero de 2012

El puente de la libertad.

Reverberaba el sol en la laguna aquella mañana, las hojas vestían cálidos y hermosos matices.
Frente a mí cisnes danzando en aquella resplandeciente laguna, bajo mis pies madera envejecida de un largo y estrecho puente, al final del camino la espera de un ave que irradiaba nostalgia; se veía desorientada, con deseos de libertad.
Pequeña y desprotegida me esperaba para tomarla en mis manos y ayudarla a ascender.
Anhelaba poder desplegar sus alas y despegar de tierra firme, en búsqueda de nuevos horizontes.
Quería acercarme a ella; di cortos pasos cuidadosamente para no asustarla y lograr alcanzarla.
Caminaba por el viejo puente, rechinaba cada vez más fuerte. Conseguí llegar al ave, la tomé en mis manos, y con mis brazos apuntando al cielo exclamé:  ¡Vuela pequeña ave! Se libre y haz lo que algún día también yo haré.
 — También sueño con mi libertad, desplegar mis alas, apreciar cuan lozano paisaje desde arriba, despegar desde este mismo puente, ver de cerca el firmamento, dar por perdidos mis miedos, respirar aire puro junto al aroma de las flores, huir de la polución, escuchar el cantar de las aves cada mañana, ver la puesta del sol y posar desde el más alto árbol. 
Volar y volar sin nada que me detenga; cumplir ese sueño de poseer mi más deseada libertad.



SM.