Hay un punto de fuga hacia una proyección.
La mente en ese momento está proyectada hacia una dirección
donde las líneas no convergen ni se interceptan entre sí. Se oye, más no se
escucha. El sentido auditivo se prepara para distorsionar las voces y el rostro
automáticamente lanza señales de entendimiento. Gesticulamos haciendo creer que
en ese preciso instante estamos allí tanto física como mentalmente, pero no.
¿En qué limbo estamos varados durante ese tiempo? En el que por treinta minutos
una charla se nos hace superflua por más importante que sea. No es cuestión de
subjetividad ni de idiosincrasia, es cruzar el límite o las barreras del déficit
de atención.
Podría estar pensando en pajaritos de colores, mientras tú
tomas parte de tu importante tiempo en darme una amplia explicación, yo voy
sesgando tanta palabrería y las voy resumiendo, para poder tomar la idea
principal del tema y responder con un “Ah ok” o “Está bien” acompañado con un gesto de “Lo he entendido todo”. No obstante, se queda inconforme
con alguna de esas vanas respuestas y se interpreta como la falta de atención
por poca importancia del tema. Entre tanto yo sigo pensando en pajaritos de
colores, en la última conversación que tuve, sexo ocasional, y haciendo planes que
quizás no se lleven a cabo; tú piensas un tema nuevo para captar mi atención,
sin obtener mucho a cambio.
Ese es mi limbo, y el significado del punto de fuga en estado de congelación que me deja inerte por tantos minutos…
Ese es mi limbo, y el significado del punto de fuga en estado de congelación que me deja inerte por tantos minutos…