sábado, 22 de septiembre de 2012

Déficit de atención.


Hay un punto de fuga hacia una proyección.
La mente en ese momento está proyectada hacia una dirección donde las líneas no convergen ni se interceptan entre sí. Se oye, más no se escucha. El sentido auditivo se prepara para distorsionar las voces y el rostro automáticamente lanza señales de entendimiento. Gesticulamos haciendo creer que en ese preciso instante estamos allí tanto física como mentalmente, pero no. ¿En qué limbo estamos varados durante ese tiempo? En el que por treinta minutos una charla se nos hace superflua por más importante que sea. No es cuestión de subjetividad ni de idiosincrasia, es cruzar el límite o las barreras del déficit de atención.
Podría estar pensando en pajaritos de colores, mientras tú tomas parte de tu importante tiempo en darme una amplia explicación, yo voy sesgando tanta palabrería y las voy resumiendo, para poder tomar la idea principal del tema y responder con un “Ah ok” o “Está bien” acompañado con un gesto de “Lo he entendido todo”. No obstante, se queda inconforme con alguna de esas vanas respuestas y se interpreta como la falta de atención por poca importancia del tema. Entre tanto yo sigo pensando en pajaritos de colores, en la última conversación que tuve, sexo ocasional, y haciendo planes que quizás no se lleven a cabo; tú piensas un tema nuevo para captar mi atención, sin obtener mucho a cambio.
Ese es mi limbo, y el significado del punto de fuga en estado de congelación que me deja inerte por tantos minutos…